27.5.16

La escultura profanada de Amancio González en Izmir




Amancio González Andrés es uno de los más importantes escultores leoneses de estos tiempos. Una de sus esculturas en madera, The musician,  estaba instalada en una estación de metro de Izmir, Turquía. Ayer fue destrozada por un supuesto intolerante que debe ver en su barbarie un acto moral positivo y ejemplar. Poco añadir, salvo las fotografías adjuntas. Antonio Gamoneda, poeta leonés, dedicó hace tiempo al escultor Amancio González el siguiente poema.


HABLO CON AMANCIO
De las moreras abrasadas por la luz, las visitadas por serpientes ciegas;
de los pinares inmóviles en el espesor del pasado;
de los grandes perales en cuyos frutos se alimentan pájaros invisibles
y de los fresnos temblorosos
surge la musculatura encendida en cifras incomprensibles, las que se desprenden de la serenidad y del dolor;
surge el bañista indeciso sobre el hermano amortajado en su propia luz;
surge el monstruo arrodillado ante sí mismo, el espectador del vértigo;
surge el ser silencioso, el conocedor de abismos habitados por los grandes bífidos y por los ancianos en cuyas venas hierve la misericordia;
surge el ser pensativo en su propia blancura y en la tristeza de sus genitales;
surge el ser andariego, el que lleva en sus brazos al animal herido por presagios;
surge el gigante insomne, el enloquecido por los astros y atormentado por la geometría.
Amancio: tú hieres y acaricias la madera en nombre de la libertad;
tú sueñas en el interior del bronce y en las celdas graníticas,
amas el resplandor de los cuchillos, entras en las arterias vegetales,
creas al mismo tiempo el resplandor y la sombra,
llevas la vida al interior de la muerte.
Tú atraviesas olvido y conduces relámpagos a la quietud. Así, en tus manos,
la madera es sagrada.
ANTONIO GAMONEDA



En este enlace se puede ver un vídeo del atentado perpetrado:


Por cierto, para quien piense que la intolerancia es cosa de fundamentalistas islámicos solamente, hay que recordar que otra escultura de Amancio González, Hito de la memoria, instalada en la localidad leonesa de Carrocera, también sufrió en su día destrozos de mano de intolerantes y rencorosos españoles.